Transversalidad

Montmatre

 

Let’s make our grand escape before we come undone.  California – Aqualung

 

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Si por ejemplo, te dijera que vinieras de manera inexplicablemente triste esta noche de sol radiante, tú tendrías que desdoblar el mensaje, repetirlo ochenta y nueve veces mirando hacia un horizonte vertical, sintiendo que las palabras se forman en el paladar, poco a poco, hasta que comprendes, esa luz casi al final del camino y de pronto.

 

―Hey, estoy viendo cosas desde hace tiempo. No te lo vas a creer. Es Rodrigo cayéndose hacia el cielo en un intento fallido por volar. Casi cuando llega (y cual Ícaro, dirías tú) al sol se metamorfosea en una cosa absolutamente anti kafkiana y es un poco difícil para mí explicarte qué sucede después.

 

>>No sé si estoy arriba o abajo pero da igual, porque nadie sabe realmente donde está y eso de alguna forma está bien, que no estemos en la misma línea ni el mismo contexto. Pero Rodrigo se pierde, se ríe como si estuviera muy loco o muy cuerdo al reaccionar ante algún chiste que desde alguna parte no puedo escuchar y es tan irritante que se pierda así, como si todo estuviera bien, esa masa que allí muta y yo retorciéndome los dedos por alcanzarlo aunque sea en trecientos años luz.

 

Si por ejemplo, te dijera que no puedes venir de manera inexplicablemente triste ahora, probablemente te frustrarías y comenzarías a golpear pared de barro tras pared, millones de paredes, infinitas manchas de dominó cayendo a través del continente se verían desde algún satélite, hasta que me encontraras aunque ya no sería yo, y tú lo sabrías y todo se volvería triste una vez más, esa alegría ilusa de creer que se existe por una milésima de segundo sería tan devastadora y entonces coincidiríamos en que es mejor que te quedes allí y que no pase nada y que no te llame/é en realidad.

 

―Es imposible que eso esté bien, ¿verdad? Que él desaparezca. Que estemos tú y yo aquí pero en otro vértice, donde las palabras no significan mucho si no tenemos a quien realmente decirle que…

 

Rodrigo miró  un poco devastado la cara más bien grotesca del sol lo cual causó un ataque inesperado risa. Se imaginó por algún momento que estaba en el paraíso, que lo había logrado y casi deseó mirar hacia atrás ― cual esposa de Lot―, para recordar lo burdo que resultaba ser eso que llamaba mundo, pero luego estatuas sal y quizás sería mejor era esa sensación de fracaso inminente que comenzaba a retorcerle el estómago, como cuando sabes que el punto exacto en que comenzó a gatillarse el error en el juego que nunca pudiste ganar, es justamente ese y solo ese.  Querer cambiarlo, enmendarlo de alguna forma, pero el tiempo se vuelve un verdadero hijo de puta porque no puedes hacer nada: se torna inexorable y la vuelta atrás no es opción; Rodrigo inevitablemente caería en las fauces del sol y a diferencia de Ícaro ni siquiera podría caer de manera inversa, lo cual iba a ser un problema si su familia pensaba en darle entierro, aunque honestamente ya no quedaba nadie a quien le importara, ¿verdad? Por un segundo pensó que sí. Al otro, Rodrigo ya.

 

―Pero ni idea quien es Rodrigo ―murmuró Andrea a la nada transmutada en ciento de estrellas rojas que se acurrucaban a sus pies.

 

Miró desde su perspectiva distorsionada hacia el muro enorme que se alzaba frente a ella, pensó que fácil serían cien mil metros, sin exagerar. El constante retumbar del piso se le antojaba a bombas rompiendo lo poco que quedaba de suelo y que rápidamente venían hacia ella. Tal vez eso estaba bien. Allí no quedaba nadie de todas formas. Si el muro caía las posibilidades de existir podrían aumentar aún más o reducirse a básicamente nada.

 

Se sentó, por hacer algo,  esperó hasta que el último muro antes del suyo se derrumbara. Sintió la tensión tomándola del cuello, sacudiéndola de un lado a otro, casi dejándola en un sueño que no podía serlo porque cuando pensó que los cien mil metros de muro caerían sobre ella, vio no sin sorpresa que ésta de manera espontánea comenzaba a desfragmentarse en millones de granos de sal, expandiéndose en torbellinos, viajando hacia galaxias de las cuales jamás supo su existencia porque cuando el muro se hubo esfumado por completo lo único que quedó frente a ella fue Rodrigo, en un intento fallido de poder explicar lo inexplicable.

 

[C. 27/6/2013]

 

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