Indefiniciones

deriva

Entonces, habría que preguntarse si no estamos siendo increíblemente legalistas y mostrando a un dios absurdo y dictatorial (para lo que crean en uno, claramente). Que si esta situación tal vez se ha abierto para mostrar las falencias y contradicciones diarias de un creyente, de esas que nunca se hablan y se hace vista gorda. Ese oportunismo que tanto nos gusta. El testimonio del que nos llenamos la boca. La incapacidad para ser consecuente durante toda la vida pero ser profundamente tozudos frente a un solo punto, como si eso aboliera todo lo anterior. Creer que ir a la iglesia es la respuesta o que lo define completamente. Esos ritos que terminan siendo fecundamente estériles.

Entonces, hombre, lo único medianamente tangible que nos queda, metafóricamente hablando incluso, es esa relación que por opción propia hemos decido crear o inventar, dependiendo del punto de vista que se mire. Que si existe un dios tiene que haber ese punto de encuentro entre nuestra conciencia y acción sin llegar al lado cómodo del asunto, donde escudemos todo en nuestros buenos pensamientos e intenciones tras la inacción, también común. Esto es lo único que tenemos, lo único que terminará por valer.

No me siento mal ni apóstata por pensar fuera del recipiente. Creo profundamente que es siguiente paso a seguir frente a un problema de esta complejidad, donde se comprometen tus creencias de 21 años. Y por lo mismo no necesito que me pregunten dónde está mi fe o que me digan que Dios quiere que haga esto y esto otro. Déjenme y lo veo yo. Me perturba que el mundo asuma que tengo que actuar de determinada forma y que determinada cosa va a ocurrir si lo hago; esas son como respuestas mecanizadas por repetirlas una y otra vez, desde cuna o por simple inercia. Si creo que hay un dios, este debe tener un mínimo de inteligencia, como para dialogar y encontrar una respuesta sensata entre los dos. Por mucho que nos guste dárnosla de oh gran sabios y creyentes-a-morir, no siempre la respuesta es tan clara ni de a primeras. Puede ser increíblemente gris hasta que nos damos cuenta de que es la correcta y que era de un blanco radiante tras toda la neblina.

Así como la vida está llenísima de contradicciones, no tenemos por qué esperar que todos actúen de una misma manera en todo momento. El hombre está sujeto a cambios. Y el mundo debería darse por enterado.

Es sólo que, espero, no cambiemos de un modo que termine negándonos por definición. Que dejar de ser quien soy nunca ha estado en mis planes.

D. 13/Julio/2012

We are sort of buried here, can you hear us there?

I’m not crawlin for you – #3 1997

.

Such a long time ago,

we closed our eyes

and it’s so

hard

(really hard)

trying to see again.

 

We all wonder if

what they taught us

wasn’t completely

untrue

 

Because even

light

is blinding us

now.

 

We are desperated

We want to see again

We want to feel whatever

the true

they told us

means

or meant.

 

Will you reach my hand

and show me

the right path to take?

 

Because it just seems to get

darker and darker

here.

 

I’m even

triping over

my own feet

and something little

inside here

is

bleeding

painfully.

 

I don’t want chanted

words

I want certainty

I want the freedom

that people over

the streets

keep talking about

(even if they don’t have any idea what freedom is)

 

We don’t want to give up

it’s just that the answers

to the usual questions

are no longer the same.

 

Say,

will you open our eyes

and let us see how we

supposed to

see?

Are you even hearing us

right now?

There?

(someone?)

 

It’s funny  because

you have started to look

so

distant lately

 

Like from

Countless

light years.

 

So far

that I’d laugh

’till I die

if I could.

[I’m blind and waiting for you

-Big Machine, Goo goo dolls]

Crita, 7/7/’12 

Viaje inter-bus sin pretensiones

Mi encía podría haberse ido a huelga y yo la hubiera entendido. La muela del juicio que dejó su tarea pendiente (de crecer) y se tomó un año sabático, apareció de súbito esa noche y de manera particularmente dolorosa (bitch).

Eso pensaba mientras subía al bus y buscaba mi asiento. Pero apenas me senté y puse a buscar el boleto, me di cuenta de dos cosas: había comprado el boleto para el primer asiento de un segundo piso, frente a la ventana (donde básicamente pensé: “okay, supongo que no será una muerte dolorosa”) y segundo: no encontraba el boleto. Crap. Bolsillo 1 y 2, 3,4,5. No. Nada. Mierda. Bajé, hablé rápidamente con el jefe de turno que me dió un poco confiable papel que algo como “vale por un pasaje si paga dos mil pesos extras!”. Si lo pienso, lo único que le otorgaba seriedad a ese papel era el timbre que decía “jefe de turno”. Interesante. Si alguna vez pierdes un boleto entonces puedes. Fin.Probablemente eso no pase.

Subí nuevamente al bus. Me dolía la muela aún y en medio del pasillo choqué con un caballero obeso que tuvo serios problemas para sentarse justo en uno de los asientos traseros al mío. Sentí un poco de pena por él y por su acompañante (que podría haber sido yo).

Me gusta comprar pasillo cuando viajo sola porque siento un poco más de libertad y así  no necesito pedirle permiso a nadie si necesito explorar el interesante pasillo. O ir al baño. Como sea. El boleto en fuga apareció sentado en su puesto, nos saludamos, nos abrazamos y lo mandé al carajo por hacer que gastara energía inútilmente. Esa mini-historia tuvo un final feliz (no pagué esas  2 lucas extras), pero el clímax pudo ser un poco ridículo quizás (lo fue).

En cualquier caso, llegó un momento en que mi compañero de pasillo (a la derecha) estaba particularmente inquieto, moviendo la cabeza como obseso por lo que -asumo- era una canción digna de sacudir cabezas; a su vez, el compañero (hacia ventana) intentaba acomodar sus piernas de 3 metros en alguna parte; mi compañero de viaje, por otra parte, se sonaba la nariz de manera poco elegante y yo no encontraba el cinturón de seguridad, por lo que llegado un punto estaba francamente contorsionada, con todo lo tiesa que soy. Todo eso a la vez. Yo pienso que la escena reflejada en la ventana del frente pudo resultarle graciosa a alguien, pero supongo que éramos seres humanos poco importantes para el resto del bus.

Pasaron un par de horas en las que yo sabía que era mejor no intentar dormir, porque no iba a poder. Así que perdí la vista mirando por la ventana, pensando cosas absolutamente innecesarias mientras las luces aparecían chocando contra mi cara y la carretera se hacía un poquito más eterna. Pensé que ese era un buen momento para que se cruzara un camión y observar cómo sería el proceso de-quizás-morir. La posición en la que quedaría. ¿Se me romperían las piernas primero? ¿O miles de pedacitos de vidrio quedarían incrustados por toda mi cara? ¿Lograría sobrevivir, entonces? Tal vez debería doblar las piernas, por si acaso. Quizás así no se romperían. Quizás así…

No quiero morir, pensé, y creo que sonreí un poco. Aún tengo que hacer muchas cosas que probablemente nunca haré. Como hablarle a M, por ejemplo.

Deprimente.

Sé que dormí por algún tiempo porque sentí el sabor amargo en la boca que te avisa que has despertado. Intenté, con todas mis fuerzas, volver a dormir, pero hubo un par de cosas que lo impidieron: la muela pródiga hacía estragos con mi encía (la estaba torturando, you bitch!), el aliento fétido de mi compañero llegaba peligrosamente cerca de mi nariz, y de la nada, siento un sonido grave y en crescendo, atrás de mi asiento: el caballero obeso se había dormido lo que equivalía a ronquidos gratis para la vida en general. Hay música en todas partes, me dije, y adoro la música, eso podría llegar a ser una obra musical impresionante, me dije, pero supongo que esa pieza en particular, no le sienta la tos de algún enfermo que se añadía a los ronquidos de manera ocasional. No estamos para música alternativa aquí.

3 AM y toda la primera fila de compañeros estábamos increíblemente despiertos. Yo pensé que podríamos haber hecho algún acto de confraternización, preguntarnos los nombres, pelar al caballero de atrás o a sus ronquidos, pero quizás no habría tenido mucha aceptación. No sé. Nunca me ha gustado hablarle a la gente tampoco, ahora que lo pienso. Salvo al círculo cercano y esas normas sociales y cortesía que a veces tengo que… da igual. A veces las olvido. Ya no importa. Creo que a pesar de todo, fue un buen momento, tal vez un poco largo (duró casi dos horas, o años en algún mundo paralelo y una yo cabreada hasta el alma).

Pero no estaba enojada al despertar. Un poco desesperada sí, cuando me di cuenta que no podía moverme. Sentía cómo el caballero obeso se había bajado y poco a poco habían empezado a desocupar el bus. Sólo quedábamos mi compañero random de asiento y yo. Estábamos apunto de llegar al terminal cuando un hombre pequeño y moreno se paró al lado mío. Sus ojos eran un poco rasgados y llevaba un gorro. Sonrío como un enfermo y empezó a recitar palabras inintelegibles cerca de mi oído. Yo pensé “no puede hacerme nada, mi compañero del lado me va a salvar o M puede venir”. No pasó ninguna de las dos cosas.

El hombre se transformó en un humo negro que hiperextendió mi cuello y empezó a entrar por mis ojos y boca. Alguien. Ayuda. Pero nadie venía mientras yo sentía cómo el hombre entraba por mi garganta y se extendía dentro de mi estómago.

En el techo, un remolino negro girando de manera violenta .Tenía que morir, pensé desesperada, porque yo no quería morir ahí. De algún modo. Algo. Entonces, desde mis brazos inmóviles se desdoblaron otros brazos, mis brazos un poco más translúcidos que se acercaron a mi caja torácica y la traspasaron en busca del corazón de esa sobra negra, porque entendí que si apretaba su corazón, él iba a morir.

Mis manos se toparon con su corazón muy cerca del mío. Empecé a apretar, con fuerza, y estaba apunto destruirlo, ahora, ya, muer…

Pero la cajita con el mini desayuno que dejó el auxiliar en mis piernas hizo que me despertara con una paz admirable. El caballero obeso seguía siendo obeso y roncando. Mi compañero del lado seguía teniendo un aliento terrible y mi encía estaba oficialmente masacrada.

Llegamos y hacía frío. No hubo despedida entre compañeros, palabra que detesto por su sobrevaloración y casi moda. Puaj. Pero habría sido un gran gesto.

Tenía que esperar 40 minutos para que abrieran el metro. No había asiento. Dios. Un chocolate con crema, por favor,  con mi cara horrible frente al espejo y esa corroboración de que nunca he podido dormir bien en los buses. De fondo se escuchaba “The death of you and me.

Me pareció un momento memorable.

Crita, 1/Julio/2012