Perfect day for nothing

The smoke will become a cloud, dyed in the colors of the sunrise

It stained –  Chatmonchy

Perfect day for nothing

Sometimes, I wonder, if everything I’ve been holding and thinking for the last weeks are just an excuse for doing nothing at the end of the day. To not move forward but to keep stuck here.

If at the end, this’s just a miserable try to justify the everyday’s idleness, coloring it with deep and painful motives that are near to a very serious existencial crisis.

It’s not like I’m waiting for some miracle knocking at my window; or waiting for someone to show me the right path I’d should follow through.

Or maybe yes. Maybe I’m really waiting for a fucking signal fire and so what?

In the meantime I keep doing such a reckless things, thinking about useless things that draw me to nothing, which just makes me a crybaby, as if I didn’t know about how real life works.

How real problems are always there.

It just seems I can’t deal with all of them. That I refuse to move out from my insolated crybaby mind and start doing what suppose I should do. As if the answer to all my questions were going to solve in a blink; as if everytime I cry for nothing would really leans me to something ethereal.

But I keep crying and doing nothing more than think about it and so I can keep crying later.

It’s just as pathetic as it sounds.

This inability to move will devour me one day and I’m afraid it will be to late to reverse it. All this lost time will never come back.

I’ll just be here, blaming the whole world and my non-existent habilities.
And all of you are going to be so far away from me, so far, that even runing at the speed of sound will be not enough.

So come. Please come, whenever you are, whatever you are. I don’t care if you take your time. I don’t care if I keep losing things, if I keep becoming such a pity and regrettable being.

I just don’t want  all these crappy feelings to last like for ever.

I’m still so far from knowing what the hell I am doing here. It’s just a question that always fails to find its answer.

Fuck

Fuck

Fuck

Fuck

Fuck

All this shit.

Crita

22/4/2012

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Descripción insustancial sobre la Inmovilidad

En algún punto comenzamos a sentir que estábamos como atascados. Sabíamos cuán contradictorio era estar realizando esa acción que finalmente nos llevaba a una inacción tan asfixiante como la vida misma (sólo para darle un poco de dramatismo al estancamiento en sí, que básicamente se definía como todo o nada).

(O casi).

No sé en qué día nos dimos cuenta, la cuantificación de los datos era implausible y hasta estúpido. Sólo supimos que era tan tarde para todo: estábamos viejos, cansados y enfermos; no teníamos la fuerza  para cambiar y el tiempo que había parecido estar en pausa misteriosamente había avanzado rápido y sin avisarnos mientras nos estábamos mirando como idiotas sin pestañear por lo que ­al parecer fue una eternidad.

Yo sé que la eternidad era imposible y que el tiempo es un concepto limitado. También sé en qué consiste la inutilidad de analizar aquel enorme vacío que nos separa/ba desde nuestro principio.

“Me gustaría saber qué es la felicidad” dijo ella de manera más bien patética.

“Es un concepto tan limitado, como el tiempo” respondió él con un tono tanto o más patético.

“Yo sé que es una pregunta enferma de convencionalismos, pero yo sé que debe existir, que debe estar entremedio del fin de aquella acción afortunada entre millones hasta el momento exacto donde la realidad te da una patada en el culo y te hace tropezar y caer sobre el lodo.”

“No tengo verdaderas respuestas.”

“Hay tan pocas respuestas.”

Y seguíamos preguntándonos si el mundo algún iba a caer a través de ese espacio sideral hasta chocar con el sol. O si algún día alguien iba a caer del suelo, nos iba a mirar a los ojos y decirnos que ya no teníamos que seguir esperando, que todo iba a estar bien, que ya nada importaba.

Pero seguimos esperando por años aquello que nunca supimos definir. Y tal vez eso se llamó felicidad o simple cotidianidad con la cual el resto del mundo parecía convivir de manera armoniosa e increíblemente menos fatalista que nosotros.

“¿Qué es esto, exactamente?”

“La vida.” Respondió él mientras encendía un cigarrillo para otorgarle solemnidad al momento.

“No puede ser así. Esto. Es un desorden inmensurable, ¿ves? Es como si intentara ordenar alfabéticamente todos los pelos de tu barriga.”

“No tengo pelos en mi barriga.”

“No entiendo qué estamos haciendo aquí” sentenció ella mirando ensimismada el humo del cigarrillo. Intentó descifrar sus formas, tal vez ahí estaba una señal.

Porque en el fondo, sabíamos que nadie ni nada iba a venir a darnos una señal. Y fue exactamente al tiempo que nos dimos cuenta que seguíamos atascados en ese algo sin forma, que por fin lo exteriorizamos.

“Quiero morir” dijo ella apenas despertó aquella vez.

“Nadie lo notará” acotó él, quitándole una lagaña del ojo.

“¿Me extrañarás?”

“No voy a tener tiempo.”

Me gustaría haber sabido un montón de cosas. Como por ejemplo la medida exacta de lágrimas que uno tiene que eliminar para sentirse completamente estúpido por haber empezado en primer lugar; saber la cantidad de acciones inútiles que teníamos que realizar para darnos cuenta de su inutilidad intrínseca y buscar por otra cosa, algo más profundo y empírico que esa sensación de malestar generalizado o colon irritable que hasta la fecha nunca supimos curar.

Si miro en retrospectiva hacia ese enorme vacío que nos separa del principio, siento como si toda la vida (que nunca pudimos entender, que en algún momento estuvo en esa nada) nos hubiésemos estando diciendo adiós. No de manera casual. Era cada día y segundo en el que notábamos que el mundo siempre parecía diferente pero nosotros los mismos; que todo se parecía mover menos nosotros; eran nuestras miradas cargadas de pesimismo que negaban con la cabeza como si ellas supieran que era solo cuestión de tiempo (inconmensurable y limitado) hasta el final de verdad.

“Es como si todos se estuvieran yendo a otro planeta” dijo ella que kilos finitos y eternos de pena y otras cosas.

Él había tomado su mano bajo las sábanas y había sonreído.

“Pero sólo están lejos, muy lejos”

“Lejos de todo” susurró ella apretando muy fuerte su mano porque sabía que ese era final. Que estaba pasando y que ellos simplemente iban a seguir allí, sin haber hecho nada, sin haber dejado un rastro o algo memorable. Sin haber entendido cosas complejas y desconocidas como la felicidad o el amor.

Y fue cuando despertaron esa mañana que los dos supieron qué pasaría exactamente durante los siguientes 30 años. Continuaron observándose por horas, un poco sorprendidos y tristes y algo más, no porque habría cierto momento donde la vejez y el desgaste esperable  los sorprendiera con toneladas de pena y arrepentimiento, sino porque ellos no harían nada por impedirlo.

Crita

Abril 4, 2012